El Teatro Infanta Isabel estrena “El silencio de Elvis” con Pepe Viyuela

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El Teatro Infanta Isabel estrena “El silencio de Elvis” con Pepe Viyuela encabezando el reparto. Un texto de Sandra Ferrús que podremos ver a partir de esta misma tarde.

Vicentín es un joven alegre y lleno de vida. Sólo acarrea un problema que marca su vida y la de su familia: sufre una enfermedad mental en un país en crisis. Sandra Ferrús firma y dirige este potente cóctel de emociones ancestrales donde el estigma y el miedo social a lo desconocido e incontrolable, en este caso la esquizofrenia, apresa al enfermo y a quienes le rodean.

El elenco formado por Elías González, Pepe Viyuela, Susana Hernández, Martxelo Rubio y la propia autora en alternancia con Concha Delgado sube a escena esta conmovedora historia de injusticia, incomprensión y, por encima de todo, amor del bueno.

ENCERRADA EN UN ASCENSOR junto a un hombre corpulento que la miraba fijamente y balanceándose. Esta escena de la vida real de Sandra Ferrús –cuando sólo tenía 13 años– fue el primer contacto que la autora experimentó con la enfermedad mental en carne propia. En ese momento, una mezcla de miedo y rechazo fue la reacción instintiva.

Años más tarde, una persona de su círculo íntimo desarrolló una enfermedad de las mismas características, circunstancia que le obligó a documentarse y vivir muy de cerca todas sus consecuencias. ¿El resultado? Comprobar cómo estos enfermos no sólo sufren exclusión social: también el castigo de nuestro sistema judicial. De aquí nace la necesidad de Ferrús de poner un altavoz a estas personas y sus familiares pero, además, de hacerlo desde la magia de las tablas con esta obra.

“Esta es la historia de Vicentín, un chico alegre, vital, trabajador… Cree saber todo lo que los demás van a decir y tiene el espíritu de Elvis en su interior. Descubrimos que sufre una enfermedad mental donde el desconocimiento, la falta de recursos y el descontrol desencadenan situaciones que ponen a nuestro protagonista y a sus seres queridos en situaciones extremas. Los personajes de la función son un tanto peculiares pero muy terrenales, con sus fragilidades, sus límites, sus fortalezas, su amor y su valentía”, comenta la autora, y añade:

“Es una obra de sentimientos que nos hace emocionar, empatizar, enfadar… con muchas preguntas para reflexionar y sin repuestas. Todo un viaje”.

La belleza del dolor

La pieza, convertida en excepcional mirilla a este colectivo tan desconocido como estigmatizado, se convierte en una fuente de estímulos para un tipo de espectador interesado en vivir una experiencia que va más allá del entretenimiento, tal y como concluye Pepe Viyuela, protagonista de la función:

“El teatro debe hablar de lo que nos pasa, de lo que nos preocupa, de lo que mucha gente vive en silencio y a lo que no podemos asomarnos de ordinario. Es una ventana que nos permite asistir a realidades que no conocemos, que podemos intuir como muy duras, pero que también están dotadas de una belleza muy poderosa. Esa belleza en la que vemos al ser humano desnudo y vulnerable, luchando por salir del dolor y de la angustia. Esa lucha del humano contra lo incomprensible del destino que ya veíamos en las tragedias griegas y que nos hace revolvernos en la butaca y salir renovados”.

 

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