“La culpa”, lo nuevo de David Mamet

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Cargada de las ovaciones que inundaron su reciente estreno absoluto en Nueva York, “La culpa“, la nueva joya escénica de David Mamet –“Muñeca de porcelana”, “Razas”–, aterriza en Madrid bajo la dirección de Juan Carlos Rubio y un póquer de ases interpretativo formado por Pepón Nieto, Magüi Mira, Miguel Hermoso y Ana Fernández.

Un psiquiatra es requerido a declarar en favor de un paciente responsable de cometer una masacre. Cuando se niega a hacerlo, su carrera, su ética y sus creencias son cuestionadas, desencadenando una espiral de acontecimientos que convulsionará no sólo su vida, sino la de la persona que más quiere.

A partir del 9 de enero en el Teatro Bellas Artes.

UN JOVEN HA COMETIDO una masacre. Tras él, descubrimos a Charles –Pepón Nieto–, el prestigioso psiquiatra que le trataba y que, dadas las circunstancias, ve cómo su carrera y su vida personal se acercan al abismo.

A su lado, tres voces: la de su mujer –Ana Fernández–, su mejor amigo –Miguel Hermoso– y la abogada de la defensa –Magüi Mira– intentarán convencerle para que abandone sus estrictos principios morales y declare en el inminente juicio a favor de su paciente.

“Mamet ha vuelto a incidir en las zonas más oscuras del ser humano, escribiendo un texto certero, perverso y políticamente incorrecto. Nadie se salva en la hoguera de la culpabilidad”, comenta Juan Carlos Rubio, director de la función,

Y añade: “Todos estos personajes se mueven por oscuros intereses, por ocultas motivaciones. Mamet es un maestro a la hora de destapar nuestros más íntimos deseos y poner sobre la mesa la cruda realidad del mundo actual: todos buscamos, por encima de todo, nuestro provecho. Son cuatro personajes complejos y atractivos. Y, desde luego, no podría haber soñado mejor reparto que el que tenemos. Son oro puro”.

A falta de ética Adaptado por Bernabé Rico, el texto de Mamet da rienda suelta a una sucesión de acusaciones llenas de tensión, a un desarrollo donde la incesante potencia de la trama sirve en bandeja de plata un cóctel de temas apasionantes, “como el poder de los medios de comunicación, la manipulación a la que nos somete la sociedad, la imagen que proyectamos en los demás, los deseos ocultos, los juramentos rotos y, por supuesto, nuestro sentimiento de culpa cuando no actuamos movidos por una verdadera ética.

Los afilados diálogos te suben a una espiral que no decae y te atrapa sin remedio. Aunque, si somos objetivos, la segunda parte de la obra, donde las verdades comienzan a aflorar, es inmejorable”, apunta Rubio.

Y concluye: “Creo que hay un público ávido de un teatro que no te lo dé todo mascado, que necesita la complicidad y atención del espectador. “La culpa” es un espectáculo inquietante y necesario, que cuenta además con una impecable producción y un reparto de lujo. ¿Quién se quiere perder algo así?”

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