Por fin en Madrid el “Calígula” de Mario Gas y Pablo Derqui

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El amor y su imposibilidad, el paso del tiempo, el asesinato, todo un mundo de atroces y convulsas acciones que desembocan en la autodestrucción están presentes en “Calígula“, este extraño y atrayente texto teatral de Albert Camus. Coronado por un inmenso Pablo Derqui, el elenco formado por Borja Espinosa, Pep Ferrer, Mònica López, Pep Molina, Anabel Moreno, Ricardo Moya, Bernat Quintana y Xavi Ripoll responde a las directrices de Mario Gas en esta vibrante historia de abismo existencial. Estará en cartel del 4 al 30 de diciembre en el Teatro María Guerrero.

EL DICTADOR MÁS DESPIADADO de todos los tiempos. Es así como reconocemos al emperador romano Cayo Julio César Augusto Germánico, también conocido como Calígula, el mismo cuya figura sirvió para dar título y forma a una de las grandes piezas dramáticas de Albert Camus.

El montaje, estrenado en el marco de la 63ª edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y macerado en una intensa gira por el territorio estatal, aterriza en el Centro Dramático Nacional con una garantía de calidad tridimensional: la dirección y dramaturgia de Mario Gas, la soberbia interpretación de su protagonista Pablo Derqui y la fuerza de una pieza inmortal, profunda e inclasificable que sigue revolviendo conciencias entre el respetable.

“”Calígula” es un texto singular y turbador. No se trata ya de la descripción de un tirano y de las consecuencias que sus acciones provocan en sus súbditos. Hay más. Mucho más. Un texto existencial y políticamente incorrecto que sigue arrastrando sus preguntas hasta ahora mismo, al borde de la actualidad”, declara Mario Gas.

Y añade: “Los caminos erróneos del poder, la escritura torcida, los caracteres que se quiebran, la honestidad aparente contra la locura destructora cobran vida como expresión de la nada, del helor que produce existir sabiéndose finito e infeliz; el sufrimiento incomprensible, el abismo existencial, la arbitrariedad más brutal contra una casta corrupta, el disolvente feroz de un monarca castigador que persigue hasta las últimas consecuencias lo imposible, la luna… Y la búsqueda implacable del verdugo, verdugo que deberá acabar con su vida”.

“¡Todavía estoy vivo!”, última frase, último estertor del protagonista, es al mismo tiempo una afirmación vital y una advertencia que aún puede provocar terror.

El resto es silencio.

 

 

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