“El avaro” y “Las preciosas ridículas”, un doble disparate cómico en Teatro Karpas

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Fascinado por Molière desde su juventud, Manuel Carcedo Sama estrenaba el pasado mes de junio en Teatro Karpas una particular versión deEl avaro que transitaba entre la Comedia del Arte y el cómic de Ibáñez. Y la jugada le salió tan bien que su propuesta vino acompañada de todo tipo de parabienes y aplausos.

Un éxito que le ha llevado ahora a volver a apostar por el genio francés. Así conLas preciosas ridículas, una pieza menor de la dramaturgia de Molière, el veterano y admirado director y su aplaudida compañía han conformado este doble disparate cómico que, además de hacernos reír, nos regala más de una importante reflexión.

ESTAMOS INMERSOS EN el proceso creativo de los ensayos. De repente un actor, borracho de entusiasmo, exclama: “¡Esto es un disparate!”.

“Es el término que designa algo absurdo e ilógico. El nuestro es un disparate con fundamento que utiliza el absurdo para comunicar algo no sólo con palabras”, nos cuenta Manuel Carcedo Sama, dramaturgo, director y comandante de Teatro Karpas.

Del teatro al cómic

Al amparo del arrollador éxito de “El avaro”, función que estrenaron en junio pasado y que ya han visto más de 6.000 personas, Carcedo Sama ha vuelto a apostar por Molière, en concreto por “Las preciosas ridículas”, una pieza menor que, sin embargo, “es una mordaz comedia en un acto que denuncia la estulticia de aquellas personas que cifran su valor en la mera apariencia, ya sea material o intelectual”, afirma.

Nada mejor que la crítica irónica del genio francés, su tono bufonesco inspirado en las farsas medievales y sus recursos verbales y gestuales llevados con frecuencia al límite para dar rienda suelta a un disparate cuya mejor correlación sobre las tablas es el cómic.

“Como sucesión de ‘fotos fijas’ que cuentan una historia nos ha parecido un recurso novedoso en un montaje que pretende rozar el absurdo para subrayar lo obvio”, nos cuenta el director, y añade: “En cualquier momento en que la representación se detuviese la escena quedaría convertida en una viñeta de cómic. Los actores trabajan al máximo su cuerpo y su voz para instalarse en el ámbito más rocambolesco de la caricatura. Todo contribuye a reforzar el espíritu satírico y la fina ironía con la que Molière denuncia toda suerte de lacras”.

“El avaro” marcó todo un hito en el teatro de un Molière cuyo despegue comenzó en París ante el Rey y la Corte con “Las preciosas ridículas” después de recorrer como autor y actor todos los caminos de Francia. “Con ambas piezas en escena rendimos homenaje a un genio que vivió, luchó, sufrió y disfrutó con, por y para el Teatro”, finaliza Manuel Carcedo Sama.

 

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