Enrique VIII y la cisma de Inglaterra. De Calderón

Enrique VIII. Foto de grupo Enrique VIII y La cisma de Inglaterra¿Qué responsabilidad tiene un monarca frente a su pueblo? ¿Qué sucede cuando la máxima institución del Estado antepone sus deseos o intereses a los de su nación? Estas preguntas que lanzó Calderón hace casi cuatrocientos años resuenan hoy con más actualidad que nunca. La Compañía Nacional de Teatro Clásico e Ignacio García recuperan este texto casi condenado al destierro de los escenarios y lo sirve en bandeja gracias a un reparto de lujo encabezado por Sergio Peris-Mencheta. Por Vanessa Ramiro. Foto Sergio Parra.

“TRABAJAR POR LOS ciudadanos y garantizarles paz y progreso por encima de sus beneficios personales”.

Esa es la misión de Enrique VIII y así lo desvela él mismo desde la primera escena. Sin embargo, las circunstancias, la debili-dad, el egoísmo, el sometimiento a sus pasiones y las malas influencias le hacen alejarse de ese camino. Y de ahí precisa-mente parte esta propuesta valiente de la CNTC y del director Ignacio García que va más allá del Calderón fanático religioso de la contrarreforma y ahonda en un texto humanista y político espléndido.

Un Calderón crítico

Con esta obra Calderón pretendía desprestigiar la iglesia anglicana exhibiendo públicamente su pecado original: nacer de la decisión arbitraria y personalista de Enrique VIII que anula su matrimonio para casarse con Ana Bolena muerto de deseo por ella. El autor tira del hilo de las alcantarillas de la Corte y ensalza a las católicas que allí había, sobre todo la reina Catalina…

Nos encontramos así con un joven escritor, crítico y dialéctico, que reflexiona sobre el poder. “Ese fue el origen de nuestra propuesta, imaginar a algunos políticos que han destruido este país con sus apaños, amiguismos, atropellos y avaricia infinita, haciéndose las preguntas que Calderón pone en un supuesto monstruo como Enrique VIII. Me gusta imaginar que los indeseables que han asolado y siguen asolando este país pueden tener conciencia”, afirma el director.

Un drama humano…

El montaje, cuya versión firma José Gabriel López Antuñano, pretende ser respetuoso con el original, trepidante, sobrio, sombrío como el tiempo y la situación de la que habla. Gracias a la escenografía de Juan Sanz y Miguel Ángel Coso y el vestuario de Pedro Moreno también es poderoso estéticamente, con una fuerza a la que contribuyen la flauta de pico y la viola de gamba tocadas, como siempre en directo, por Anna Margules y Calia Álvarez.

Y, cómo no, un reparto espectacular. Sergio Peris-Mencheta, Mamen Camacho, Joaquín Notario, Pepa Pedroche, Emilio Gavira, Chema de Miguel, Sergio Otegui, Pedro Almagro, Natalia Huarte, María José Alfonso, Anabel Maurin y Alejandro Navamuel se meten de lleno en la Corte de los Tudor para dar vida a unos personajes “humanos hasta el tuétano, contradictorios y vivos. Son fieras enjauladas en un momento clave de sus vidas, y de la historia, golpeando los barrotes de la celda que les oprime y revolviéndose contra cualquier límite para sus pasiones y sus deseos”, explica García.

…de plena actualidad

¿De qué sirve la ambición? ¿Somos realmente libres? ¿Por qué es tan difícil elegir entre el deber y la pasión? ¿Tienen vuelta atrás los grandes errores de la vida? ¿Qué significa ser un gobernante y cuál es su responsabilidad frente a la ciudadanía? “Calderón es un titán de conocimiento humano y a lo largo de la obra nos pone un espejo en el que nos exige mirarnos a través de preguntas afiladas”, dice García, y añade: “Es un viaje al interior del ser humano. Visto en pie tiene una enorme fuerza porque los personajes y las situaciones del pasado hablan de lo que somos”.

Y por si aún quedaba alguna duda de lo que en pleno siglo XXI puede ofrecernos una obra escrita hace casi cuatrocientos años, ésta es la reflexión final del director: “La falta de sensibilidad cívica por parte de algunos políticos durante mucho tiempo ha sido y es repulsiva. Su mirada egoísta hacia sí mismos y sus privilegios sin ningún pudor me repugnan y han puesto a España y a su gente al borde del colapso. Quiero pensar que sus noches son tan terribles como las de aquel rey. Pero claro, Enrique VIII sí tenía conciencia. Y cultura”.

TEATRO PAVÓN

Embajadores, 9. Tel. 91 528 28 19.

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