El asno de oro. De Lucio Apuleyo

elasnodeoro.560_fichero_1Contaba García Lorca que un viejo maestro guitarrista le dijo que el duende no está en la garganta, sino que sube por dentro desde la planta de los pies. En el caso de Rafael Álvarez, El Brujo, el duende recorre su cuerpo. Su sola presencia en el escenario y el poder de la oratoria de este juglar, cronista, filósofo, contador de historias hechizan. Tras “El Lazarillo de Tormes”, “Cómico” o “La luz oscura de la fe”, llega a los Teatros del Canal convertido en asno. Será a partir del 15 de enero.

“Y AHÍ FUE CUANDO un dios susurrante me dijo al oído: ‘Cuidado, Lucio, cuidado, que la dulzura de la miel podría tornarse después en amargura constante’. Los dioses hablan así. En castizo sería: ‘Lucio, que la vas a cagar’. Y la cagué”.

Y el público lanza al aire una sonora carcajada y ya no la suelta hasta que ese bululú prodigioso que es Rafael Álvarez, ‘El Brujo’, convertido de hombre en asno y de asno casi en un dios abandona el escenario entre aplausos. Esa es su magia, su hechizo, seguir viendo a los clásicos como permanente fuente de enseñanzas, pero, a la vez, darles el toque distinguido del genio sin olvidar que habla para el público de hoy.

Pasado y presente

Lucio, convertido en un asno tras ingerir una supuesta y errónea pócima de amor, vive con su alma humana en el interior de un cuerpo animal durante un tiempo hasta recobrar su forma y ‘dignidad’ humana con la luz de un nuevo nacimiento. Esta excéntrica historia que escribió Lucio Apuleyo –considerado junto a Petronio como uno de los padres de la novela en Roma– en el siglo II d. C. sirve al director y actor cordobés para hacer una lectura del pasado y presente, una reflexión sobre la corrupción y la decadencia de las sociedades, con el humor y la ironía que le caracterizan. “Es una historia de caída y de redención, de crisis y conversión, de regeneración espiritual y cívica”, explica El Brujo, y añade: “la peripecia está llena de acción, humor, ironía y una llamativa excentricidad”.

Nadie se había atrevido nunca a dar voz a este asno antes sobre las tablas. Y nadie mejor que El Brujo para hacerlo. Sus andanzas comenzaron en el Festival de Mérida en 2013, donde hacía mucho tiempo que ningún montaje agotaba entradas. Desde entonces juglar y pollino han caminado de la mano por distintas ciudades –Logroño, Burgos, Sevilla, Ibiza, Lugo, etc.– uniendo el ayer con nuestro hoy. ¡Qué poco hemos cambiado!

 

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