La familia de Pascual Duarte. De Camilo José Cela

CUANDO SE CUMPLE EL DÉCIMO ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE NUESTRO ÚLTIMO NOBEL, CELA, Y EL SETENTA DE LA PUBLICACIÓN DE ESTA OBRA, EL TEXTO ORIGINAL –MARCADO POR LA CENSURA E IMPRESO SECRETAMENTE– LLEGA A MADRID DE MANOS DE TOMÁS GAYO. EL PRODUCTOR HA CONFIADO EN EL DIRECTOR GERARDO MALLA Y EN UN ELENCO COMPUESTO, ENTRE OTROS, POR MIGUEL HERMOSO Y ANA OTERO, PARA PONER SOBRE LAS TABLAS UNO DE LOS EMBLEMAS DE LA NARRATIVA DE LOS AÑOS 40. SERÁ A PARTIR DEL 8 DE FEBRERO EN EL TEATRO FERNÁN-GÓMEZ. Por V. R.

 

“YO, SEÑOR, NO soy malo, aunque no me faltarían razones para serlo”.

 

Así habla un Pascual Duarte que en otro momento dice: “Hay hombres a quienes se les ordena marchar por el camino de las flores, y hombres a quienes se les manda tirar por el camino de los cardos y de las chumberas”.

 

Bien lo sabe él. Campesino extremeño hijo de un maltratador y una madre alcohólica en medio de una época especialmente dura e inestable, nos cuenta su vida mientras espera su propia ejecución en la celda de los condenados a muerte.

 

MÁS VÍCTIMA QUE VERDUGO

 

Es verdad que la violencia es su única respuesta a la traición y el engaño, pero más que verdugo es una víctima –tal como señala Gerardo Malla, director del montaje–, víctima de “unas condiciones sociales especialmente duras: hay que tener en cuenta que viene al mundo en un pueblo miserable, en una época miserable y que lo tiene todo en contra, eso acompañado de un cierto sentido de la justicia que él tiene”.

 

Pero como él, el resto de personajes: “No lo tienen fácil, han venido a este mundo y este mundo no les ha dado muchas facilidades: tienen difícil el amor, el comer, la relación entre ellos… Todos tienen que luchar mucho por algo que a otras gentes se les concede de manera natural”, apunta un Malla que no ha hecho más que ser fiel a la palabra de Camilo José Cela, aún con todas las dificultades que conlleva adaptar al teatro una novela tan tremenda y “hermosa” como ésta.

 

Una historia, la de Pascual Duarte, que es la de la España Negra, la del crimen de Puerto Hurraco, la del tremendismo. Algo que a todos nos suena casi a pasado, pero en la que aún podemos reconocernos y aprender. “Hay un espectador que me gustaría que tuviera Pascual Duarte: un espectador que desde el sentimiento, no desde la razón, se compadeciese de esos personajes y, al mismo tiempo, eso le hiciese pensar por qué esos personajes son así. Un público que salga del teatro conmovido, tocado, golpeado incluso y pensando”, finaliza el director.

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