Woyzeck. De George Büchner

GERARDO VERA SE ENFRENTA POR PRIMERA VEZ COMO DIRECTOR PERO POR TERCERA VEZ EN SU CARRERA AL CLÁSICO DE BÜCHNER, UN TEXTO PARADIGMÁTICO DEL TEATRO CONTEMPORÁNEO. TRADUCIDO Y ADAPTADO POR JUAN MAYORGA, EL DIRECTOR DEL CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL DIRIGE A UN REPARTO DE 17 ACTORES ENCABEZADO POR JAVIER GUTIÉRREZ Y LUCÍA QUINTANA, CON HELIO PEDREGAL, JESÚS NOGUERO, HELENA CASTAÑEDA O MARKOS MARÍN, ENTRE OTROS. Por Miriam Gómez.

“Uno es de carne, uno es de carne y sangre. A nosotros siempre nos va a ir mal. En este mundo y en el otro…”, repite Woyzeck machaconamente mientras afeita al capitán. Pero, ¿quién es este paria, este antihéroe, para que sus avatares hayan marcado para siempre el rumbo del teatro contemporáneo? Su historia se basa en un hecho real que sucedió en Leipzig en 1824. Un barbero del ejército mató a su esposa de forma cruel y fue detenido y condenado a muerte. El motivo de su asesinato suscitó gran interés entre el público. En su informe médico se habló de celos, trastornos de personalidad, alucinaciones e incluso masonería.

PIEDRA ANGULAR DEL TEATRO CONTEMPORÁNEO

El joven Büchner (1813-1837) quiso ir un paso más allá e investigar sobre las motivaciones profundas de este complejo personaje. Lo hizo escribiendo un texto sin aparente hilo argumental, en 27 escenas breves sin un orden establecido, con escasos diálogos y con un final en el aire. Para más inri, el autor de “La muerte de Danton” murió con 24 años de manera repentina, dejando la obra inacabada.

Pero, pese a todo ello, el impacto de este texto en la dramaturgia del siglo XX es incalculable. “Büchner fue un visionario. Anticipó buena parte del teatro posterior como el teatro de Brecht o el expresionismo”, afirma Juan Mayorga. El dramaturgo ha realizado la difícil tarea de versionar el texto al castellano, por encargo de Gerardo Vera. Para ello, ha querido partir de la edición original alemana porque, en palabras suyas, “al comparar el texto original con las traducciones que se habían hecho hasta esa fecha sentí que el lenguaje original, tosco, con heridas, dañado, se había perdido en las traducciones al corregir la menesterosidad de lenguaje. El texto estaba excesivamente literaturizado”.

LAS PALABRAS Y LOS INSTINTOS

Porque, para Mayorga, la miseria de los personajes de “Woyzeck” comienza en su lenguaje, en la carencia de unas palabras con las que ordenar su experiencia del mundo. “Creo que Woyzeck y Marie, su pareja, sufren una honda incapacidad para comunicarse con ellos mismos y con los otros”, dice el dramaturgo.

Marie, interpretada por Lucía Quintana, es la mujer de Woyzeck y la madre de su hijo, con la que convive sin estar casados. “Es una mujer muy libre. Se deja llevar por sus instintos y ese deseo de gustar y de no pensar le llevará a la perdición y a la muerte. Su drama es no saber buscar una tercera vía para salir de la soledad que la envuelve. Woyzeck la ama, pero se deja someter por los experimentos y por sus delirios”, explica Quintana.

BELLEZA CRUEL

Marie es, en definitiva, otra paria. Su alma gemela y la coprotagonista de esta historia. Este hecho es fundamental para entender el impacto del texto en el teatro posterior. Por primera vez unos marginales se llevan al centro del escenario, con su alma empobrecida por sus condiciones de uso del lenguaje. “No es nada nuevo que el paria aparezca en el teatro. Sólo hemos de recordar Los Persas de Esquilo, los criados del teatro del Siglo de Oro o el diálogo de los enterradores de Shakespeare. Pero, en Büchner, el paria tiene la conciencia dañada por esa menesterosidad social. Son personajes que no tienen capacidad para organi-zar sus pensamientos. Las condiciones sociales les atraviesan el alma y el lenguaje”, reflexiona Mayorga. Como consecuencia, el lenguaje es, según Lucía Quintana, “seco, violento, además de poético. Muy abrupto, te toca de plano y desde las imágenes”.

“La historia de Woyzeck es una crítica despiadada a la deshumanización del hombre y de la sociedad”, dice Javier Gutiérrez, su alter ego en el escenario.

Pero, si hay un motivo por el que destaque esta obra, es porque derrama una belleza cruel. Y en el montaje de Vera, esta belleza surge no sólo a través de la palabra sino también desde la escenografía de Max Glaenzel y Estel Cristià y la coreografía de Chevi Muraday. Los movimientos de Marie parecen estar sacados de cualquier ballet contemporáneo. “Ella quiere bailar, no quiere bajarse del placer. Baila de manera frenética, sucia, rota, se deja llevar por el otro y por la sensación de deseo de los cuerpos que se juntan y se separan”, dice Quintana.

Toda la historia gira alrededor de una ciénaga hecha de cañas móviles que también quiere ser una recreación de la mente de Woyzeck. Un campo de agujas, un cuadrilátero de boxeo, un patio  enrejado agresivo, misterioso, lúgubre. A través de las cañas asistimos al conflicto entre los personajes y sus palabras. Respiramos su lucha constante por la dignidad y la belleza. Porque, “el lenguaje y la vida de Woyzeck van a distintas velocidades. Él intenta echar el freno de alarma, parar. Porque el pensamiento es una interrupción, es el momento de emancipación”, concluye el dramaturgo.

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