El alcalde de Zalamea. De Calderón de la Barca

EL TEATRO PAVÓN Y LA COMPAÑÍA NACIONAL DE TEATRO CLÁSICO ABREN LA TEMPORADA CON UNA DE LAS OBRAS MAESTRAS DE CALDERÓN DE LA BARCA Y UNO DE LOS GRANDES TEXTOS DE NUESTRO TEATRO CLÁSICO. EDUARDO VASCO DIRIGE UN ELENCO COMPUESTO POR CASI UNA VEINTENA DE ACTORES A CUYA CABEZA SE ERIGE JOAQUÍN NOTARIO, “LA PERSONA QUE PODÍA HACER ESE ALCALDE DE MARAVILLA” EN BOCA DE SU DIRECTOR. Por Vanessa Ramiro.
Nada será lo mismo después de los cuatro días de agosto en los que la familia de Pedro Crespo se ve obligada a convivir con la milicia real… 
A base de muros y de límites, de paredes que juegan con la localización del pueblo y con una banda sonora que incluye jácaras
que se cantaban en el ejército y una zarabanda que subraya los sentimientos, que también los hay en este drama de honor, Eduardo Vasco pone en escena esta joya de Calderón de la Barca
“Hemos intentado hacer una versión muy cercana al público, muy humana y muy poco artificiosa”, nos cuenta el director, a lo que Ernesto Arias, que da vida al Capitán Don Álvaro de Ataide, añade: “la puesta en escena tiene la virtud de, sin perder la enorme profundidad del texto, ser muy diáfana, clara y asequible para todos los públicos. Eso la hace perfecta para quien no conozca la obra”.
UNA OBRA MAESTRA
Amor, honor y justicia aderezados con humor, acción y poesía. Son las señas de identidad de un texto que, a pesar del tiempo, mantiene su actualidad. “La medida de las cosas es lo que hace que esta función sea contemporánea. Eso y la manera en que Calderón coloca a esos seres humanos. Son casi más personas que personajes y todo el mundo puede establecer vínculos con ellos”, explica Vasco. 
Una obra maestra de nuestro teatro clásico, de la que Joaquín Notario, el Pedro Crespo de este montaje, destaca “la facilidad con que llega al espectador y le conmueve”, tanto que no duda en afirmar que “‘El alcalde de Zalamea’ está inscrita en los genes de todos nosotros”. En esa misma línea se expresa Arias cuando dice “Calderón era un genio y esta obra lo demuestra”
A ambos actores les acompañan sobre las tablas David Lorente, Diego Toucedo, David Lázaro, Pepa Pedroche, Pedro Almagro, Miguel Cubero, Alejandro Saa, David Boceta, Eva Rufo, Isabel Rodes, José Luis Santos, Alberto Gómez, José Juan Rodríguez, Eduardo Aguirre de Cárcer y Alba Fresno
La Compañía Nacional de Teatro Clásico estrena con este texto una temporada que, según Eduardo Vasco, estará “llena de sorpresas para el que le guste la degustación de los clásicos”. Dos compañías invitadas y cuatro estrenos acercan al público a nuestros clásicos: Lope, Tirso y Calderón, pero también comedias de Solís y Don Diego de Figueroa y Córdoba; una mojiganga de Feliciana Enríquez de Guzmán; entremeses de Moreto, Hurtado de Mendoza y Quiñones de Benavente y un espectáculo sobre la “Dança de la muerte”
UN TÍTULO IMPRESCINDIBLE EN CUALQUIER REPERTORIO CLÁSICO
“Es una obra que siempre he tenido la ambición de dirigir. Coincidía que hacía ya mucho tiempo que no se representaba en la compañía y, por otro lado, tenía a la persona que podía hacer ese alcalde de maravilla, que es Joaquín Notario”. Así justifica Eduardo Vasco la decisión de comenzar la temporada con este texto. 
La crítica especializada ha calificado siempre este drama de labradores como una obra maestra de nuestro teatro áureo. ¿Las razones? Una perfecta estructura, personajes profundos, sinceros y muy reales y un estilo de verso directo, sencillo y apenas lo suficientemente barroco como para no perder el lirismo de la época. Sin olvidar unos diálogos que contienen la belleza propia del autor, pero que parten de una filosofía popular que tiene que ver con el individuo, la honradez, la dignidad, el trabajo, la tierra, la confianza y la justicia. 
Un conjunto que transmite una sensación de realidad. No en vano, según el propio autor, estaba basada en hechos reales. Fuera como fuere, Calderón habla de un problema real de su época: los desmanes que sufrían los villanos a manos de la soldadesca y es que tenían la obligación de alojar a los soldados en sus casas cuando el ejército se detenía.
A partir de ahí y con los temas del amor, el honor y la justicia se construye esta historia que, aún hoy, la profesión teatral mantiene en su repertorio como una obra indispensable y deseada por el público. Ha sido llevada dos veces a escena por la Compañía Nacional de Teatro Clásico: una en 1988 dirigida por José Luis Alonso Mañés y otra en 2000 con puesta en escena de Sergi Belbel. Además, los vecinos de Zalamea de la Serena (Badajoz) representan la obra cada año en la segunda quincena de agosto. Un acto de amor al teatro clásico declarado Fiesta de Interés Turístico Regional.
TEATRO PAVÓN
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