Todos eran mis hijos

CLAUDIO TOLCACHIER INAUGURA LA TEMPORADA DEL TEATRO ESPAÑOL CON ESTE TEXTO FUNDAMENTAL DE LA DRAMATURGIA CONTEMPORÁNEA Y DIRIGIENDO POR PRIMERA VEZ UN ELENCO DE ACTORES ESPAÑOLES: CARLOS HIPÓLITO, GLORIA MUÑOZ, FRAN PEREA, MANUELA VELASCO Y JORGE BOSCH, ENTRE OTROS.  Por Miriam Gómez.

 

1948, el ambiente de posguerra en Estados Unidos se respira de manera asfixiante. Es el sálvese quien pueda y el momento de la reacomodación. En la casa de los Keller han vivido la contienda de manera ambigua: por una parte se beneficiaron porque son dueños de un negocio que fabricaba piezas de aviones para el gobierno, pero por otro lado creen que han perdido a su hijo Larry. 
LA LARGA SOMBRA DEL DESAPARECIDO
Joe, el padre (Carlos Hipólito), oculta un fatal secreto. Por su parte Kate, la madre (Gloria Muñoz), quiere, por encima de todo, volver al estado de la familia ideal y espera la llegada de Larry, el hijo desaparecido. 
“Tiene una gran dolencia en el alma: debido a que no ha visto su cadáver, no acepta que su hijo esté muerto”, explica Muñoz. Ann (Manuela Velasco) que era la novia de Larry, ahora está enamorada de Chris (Fran Perea), el otro hijo de la familia. “Después de haber luchado en la guerra, Chris retoma su vida y vuelve con su familia para trabajar con su padre. Está enamorado de Ann y casarse con ella es su esperanza de un proyecto nuevo de vida. Su padre Joe es su cómplice, ya que la madre ha quedado muy trastornada por la desaparición de su hijo y tiene que tener mucho cuidado con lo que habla con ella. Chris busca el momento más adecuado para contárselo, pero todo se complica y salen otros conflictos más profundos del pasado de la familia…”, cuenta Perea. 
SÍNTESIS Y REALISMO
Esta obra, muestra del mejor drama realista norteamericano, lanza una sórdida denuncia social que critica la corrupción y la avaricia a través de los actos de una familia cualquiera. La dirección de Claudio Tolcachir ha querido aportar síntesis al montaje para aportarle la mayor humanidad posible. “Queríamos dotar a la obra de mucha simpleza. Soy de la opinión de que la dirección y la actuación más lograda es la que no se ve, en la que los actores desaparecen y sólo hay personajes en escena. Conseguir entregarse al viaje y dejarse afectar”, afirma el director. 
“¡Todos eran mis hijos!”, dice Joe en un momento de la función. Evoca, emocionado, a todos los jóvenes que fueron a la guerra porque tenían unos ideales por los que luchar. “Jóvenes que creían en otro mundo posible y que fueron a combatir voluntariamente. En la guerra se generó una especie de espíritu de uno para todos, de lucha por el bien común que luego desapareció en la vida real. Por eso quedaron trastornados”, finaliza Perea. 

Desde el 9 de septiembre

Teatro Español

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