Fin de partida. De Samuel Beckett

JOSÉ LUIS GÓMEZ ENCABEZA EL REPARTO DE ESTE MONTAJE EN EL QUE EL PODER POÉTICO DE LA DRAMATURGIA DE SAMUEL BECKETT SE ILUMINA BAJO LA MIRADA DEL GRAN DIRECTOR POLACO KRYSTIAN LUPA, PREMIO EUROPA PARA EL TEATRO 2009. Por Miriam Gómez.

 

Reflexiona el director Krystian Lupa que, “si debajo del árbol seco de Godot se aguarda algo indefinido, en “Fin de Partida”, que tiene lugar en un espacio muy cerrado, se espera algo muy concreto: el fin. ¿Y qué ambiente se respira en la antesala del final?”.
Un viejo cobertizo cerca del mar. Hamm (José Luis Gómez) está enraizado en una silla de ruedas, es ciego, no puede levantarse y sobrevive gracias a dar órdenes al otro personaje que necesita para que le dé la réplica. Es Clov (Susi Sánchez), el criado, la pareja, el hijo, el “otro” en definitiva. Él (o ella) no puede sentarse, no puede dejar de acatar las órdenes de Hamm y a veces se marcha corriendo a su cocina porque hay “mucho que hacer”. Huye por un rato tan sólo. Ambos quieren dejarse desde siempre y por eso no se dejan. Huye hasta que Hamm sopla su silbato. El día en que ella (o él) no acuda a la llamada significará que esta muerta en su cocina o se habrá ido a través del mar. 
El mar ruge en el cobertizo a veces, Clov abre y cierra las ventanas o mira por el catalejo o se pone sus zapatos de tacón verdes. 
Pero ¿qué ocurre cuando  el mar no brama aunque dejen la ventana abierta? Los padres de Hamm, Negg y Nell (Ramón Pons y Lola Cordón) protestan, se quieren, tienen hambre o se repiten lo dicho tantas veces desde sendos cubos que son casi sarcófagos y de los que no pueden salir…
DECIR EL SUFRIMIENTO
“Fin de Partida” data de 1957, ocho años después de que Samuel Beckett escribiera “Esperando a Godot”. Ambas obras, junto con “Días felices”, son consideradas por muchos como el núcleo fundamental sobre el que se construye todo el teatro del irlandés. Con este montaje el Teatro la Abadía cierra la programación especial de su 15 aniversario en estrecho diálogo con “El arte de la comedia”.
Si la obra de Eduardo de Filippo es todo un manifiesto de juegos de apariencia y exterioridad, “Fin de Partida” es un discurso interior sobre la vida, las relaciones personales y el dolor. Este diálogo desde el silencio se da en los personajes pero también se produce de forma interna en el espectador. La profundidad no se consigue a través de una poetización del texto, sino en los espacios que quedan “entre palabras”. 
Escenográficamente ese no-decir se refleja también en el no-lugar que es el espacio indefinido del cobertizo, tan sólo a veces “iluminado por un brillante halo de color rojo. Como si de alguna manera se pudiera contar el sufrimiento…”, dice Lupa.

Teatro de la Abadía

Hasta el 23 de mayo

 

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