Frankenstein. De Mary Shelley

RAÚL PEÑA, JAVIER BOTET, EDUARDO CASANOVA, EMILIO GAVIRA Y MARIO SÁNCHEZ, ENTRE OTROS, SE PONEN A LAS ÓRDENES DEL DIRECTOR ARGENTINO GUSTAVO TAMBASCIO PARA DAR VIDA A ESTE MACROESPECTÁCULO QUE SIGUE PASO A PASO LA NOVEL DE MARY SHELLEY, INCLUYENDO LOS ASPECTOS MENOS DIVULGADOS DE LA OBRA ROMÁNTICA MÁS DIFUNDIDA DE LA HISTORIA. DESDE EL 10 DE MARZO EN LOS TEATROS DEL CANAL. Por R. Pulido

Durante un debate en un club anarquista de un periódico, una feminista científica, un comunista del siglo XIX, un conservador y un personaje literario comentan una de las obras más importantes del Romanticismo inglés y de la literatura universal: “Frankenstein”. A medida que esto ocurre, la novela cobra vida y se va desarrollando ante los ojos de los espectadores que rodean el escenario. 
Todo está narrado en un flashback que comienza en un barco en el Polo Norte donde llega el doctor Frankenstein exhausto persiguiendo a la Criatura. Casi dentro de la escena y sin dejar de lado los aspectos más legendarios del mito, el público será testigo de todas las facetas que otras adaptaciones nos han negado, como el despertar de la poderosa inteligencia de la Criatura, sus amargas reflexiones o la desesperación vital y filosófica del doctor. 
UNA OBRA MUY ACTUAL
La novela desató una fuerte polémica en el siglo XIX, nos cuenta Gustavo Tambascio, el director de este macroespectáculo que reúne en escena a ocho actores y dos músicos. “Tuvo una trascendencia política, literaria y filosófica que no alcanzamos a percibir a través de las adaptaciones cinematográficas”. 
Según Raúl Peña, que da vida al doctor Frankenstein, sigue siendo una novela muy actual porque “trata de un problema eterno que es no aceptar lo que somos. No se acepta la vejez ni el paso del tiempo y cada uno se ampara donde puede para intentar justificar que esto no se acaba”. Javier Botet, que interpreta en su primera experiencia en el teatro a la Criatura, va más allá: “No me había dado cuenta hasta ahora de que ‘Frankenstein’ hace una reflexión del ser humano a todos los niveles”.
Los límites de la ciencia y de la naturaleza humana, la creación de vida a partir de la electricidad, el deseo de libertad del hombre y sus ansias secretas de emular a los dioses. Con estos ingredientes consiguió Mary Shelley una obra que aunaba todas las grandes inquietudes propias de su momento.
Pero, ¿es, entonces, “Frankenstein” una obra para ir al teatro a pensar? Tambascio lo tiene claro: “Es una obra para ir a pensar, a asombrarse, a pasar miedo y también a divertirse”.

Desde el 10 de marzo 

Teatros del Canal.

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