El condenado por desconfiado. De Tirso de Molina

ES POCO HABITUAL VER SOBRE LAS TABLAS UNA PIEZA DE TEMÁTICA RELIGIOSA INCLUSO CUANDO LA FIRMA TIRSO DE MOLINA, JUNTO A LOPE Y CALDERÓN LA TRIADA CUMBRE DE NUESTRO TEATRO ÁUREO. POR ESO, EL TEATRO PAVÓN Y LA COMPAÑÍA DE TEATRO CLÁSICO, A LAS ÓRDENES ESTA VEZ DE CARLOS ALADRO, HAN QUERIDO RECUPERAR ESTE TÍTULO DEL REPERTORIO DEL SIGLO DE ORO Y DARLE UN ALIENTO RENOVADO. Por R. Pulido.

Paulo es un santo ermitaño, un chico de 25 años que lleva diez en el monte para purgar sus ‘supuestos’ pecados. A modo de cuento, un día a Paulo se le aparece el demonio y le dice que se vaya a Nápoles y siga a un tal Enrico. 

“El fin que él tenga, lo vas a tener tú”. Y ahí comienza el viaje… un viaje de la luz a la tiniebla y de la tiniebla a la luz que convierte al santo ermitaño en bandolero y al bandolero casi en santo.
Cuando Paulo conoce a Enrico “es incapaz de ver que en aquel señor hay un fondo bueno, porque es una persona que sólo tiene ojos para mirar a Dios y no es capaz de mirar al prójimo”, afirma Jaime Soler, su alter ego sobre las tablas, mientras que Daniel Albadalejo nos cuenta que, en cambio, su personaje, Enrico, sería “la visión del protestantismo de aquella época. Él no necesita un vehículo para hablar con Dios. Al final, él habla con Dios por sí mismo y se arrepiente”.
UNA COMEDIA DE SANTOS Y BANDOLEROS
A pesar de los interrogantes que se plantean de fondo, el escenario no se va a convertir en un púlpito, sino que “El condenado por desconfiado” es, ante todo, “una comedia de santos que deriva en una peripecia de bandoleros”, nos cuenta Carlos Aladro, director de este montaje y actual responsable del Corral de Comedias de Alcalá de Henares. 
No es extraño encontrar prostitutas presentadas como poe­tas, asesinos, ahorcamientos… “A Tirso le interesaba el teatro para hablar de la vida y en esta obra hay una reivindicación por su parte, no como teólogo ni como fraile, sino como ser humano, de un cristianismo puro que imagina una sociedad posible en la que reina el amor. Es un teatro mágico y sagrado, pero imbricado de teatro profano. Es originalísimo, único y muy español”, explica. Por eso, para hacer de Nápoles un lugar mítico, un puerto de mar hacia lo infinito y para pintar ese viaje de la luz a la tiniebla y viceversa se ha tomado como referente plástico a Goya.
Una obra llena de una verosimilitud profundamente teatral en la que Tirso de Molina mezcla realidad y ficción de tal manera que todo podría estar sucediendo en la mente de Paulo… o en la del público. “Que sea la imaginación del espectador la que construya el milagro”, dice Aladro.
Como curiosidad, “El condenado por desconfiado” fue la obra elegida para inaugurar el Teatro Pavón tras su remodelación. 
Ahora vuelve al mismo escenario con un reparto de actores enamorados del teatro clásico: Arturo Querejeta, Francisco Rojas, Mon Ceballos, Íñigo Rodríguez-Caro, Muriel Sánchez, Eva Trancón, Ángel Ramos Jiménez, Jesús Hierónides, Jesús Calvo, Francisco Vila, Juan Meseguer, José Vicente Ramos, Rebeca Hernando y el arpa de Sara Águeda, único instrumento que aparece en el escenario.

Teatro Pavón

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